No puedo detener que ya no importe
aquella luz, o aquella oscura noche
en la que sepultamos inocencias. Hoy
no queda de materia si es que hubo
ni restos que exhumar, tal vez esa memoria
encriptada en los versos
desobedientes.
La vida que se gasta no rebrota
en jardines a ello dedicados, por no regar
se pierden incluso los silencios.
Dejo
por tanto pasar, pasar el tiempo
por debajo de ríos verticales
que nunca, sabiamente,
desembocan
y hablan de ti con trinos incesantes
como rayos y vientos de otros pueblos
que bebiera el poeta,
piden justicia desgarrando las carnes
sin sangrar una gota.
Catarsis retenida a tiempo
de no volver
y diluirse
entre fantasmas que tal vez han sido
cuando otros no pueden percatarse.

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